Cómo enseñar a los niños a ser bilingües

Cómo enseñar a los niños a ser bilingües

Cómo enseñar a los niños a ser bilingües

A menudo se nos dice que los niños y niñas bilingues presentan mayores ventajas respecto a sus compañeros monolingues en otras competencias o disciplinas que, aparentemente, no guardan relación con la lengua que se hable,, en clubhappy.es lo analizamos:

Así, algunas estadísticas y, en general, la comunidad científica pedagógica presentan como algo positivo el aprendizaje de, si más no, al menos otra lengua diferente a la materna. No en vano, el aprendizaje de una lengua guarda relación con los mecanismos neuronales de aprendiza en general, en la medida en que, la capacidad de trabajar con conceptos abstractos o situaciones hipotéticas se desarrolla en diferentes áreas.

Así, si el recorrido de los aprendizajes de un niño establecen que el número dos, es la misma cosa que “uno más uno”, están siguiendo los mismos pasos en términos lógico-deductivos de una comparación compleja que, por ejemplo, establezca que “mesa” es igual que “table”.

Sin embargo, y pese a que la familiaridad con la lengua inglesa y su presencia en los planes de estudio de todos los niveles y fases educativas es cada vez mayor, habiéndose incrementado con el uso generalizado de la tecnología, parece que todavía tenemos, valga la expresión, alguna asignatura pendiente.

De hecho, aquellos que, como yo, hemos alcanzado la vida adulta habiendo cursado asignaturas de inglés desde una edad muy temprana, y que hemos superado todos las etapas educativas, hasta la finalización de una carrera o grado universitario, comprobamos en nuestras propias carnes, y para nuestro pesar, que todavía arrastramos, como el sueño del estudiante que todavía tiene una asignatura por superar, el inglés nos queda para un eterno septiembre.

Recientemente leí el artículo de una pedagoga que afirmaba que, su recomendación para que los niños aprendiesen inglés consistía, sencillamente, en que durante sus primeros siete años estos escuchasen inglés de una forma continuada, eso sí, sin leer ningún contenido en dicha lengua ni pretender su comprensión gramatical. Según ella, cualquier niño cuando aprende su lengua nativa lo hace sin la comprensión de las normas y procedimientos gramaticales que, a posteriori, pueden serle útiles para su lectura.

Esto sucede de forma generalizada con el conjunto de lenguas, pero se agrava más si cabe con la lengua inglesa, ya que su fonética (los sonidos de su pronunciación), a diferencia de la lengua española, no se corresponden con las palabras escritas.

Esto hace que un niño no sepa verdaderamente cómo se pronuncia la palabra “table” y que, durante lo que los pedagogos llaman “segunda etapa evolutiva”, que se corresponde, de forma aproximada con la época que va de los siete a los catorce años de edad, los alumnos, simplemente, aprendan a leer en inglés traduciéndolo al español, pero no directamente, como sí lo hacen con su propia lengua. Posteriormente, ya en la adolescencia y durante nuestra primera juventud, generalmente al adentrarnos en los productos audiovisuales en versión original o al relacionarnos con personas angloparlantes, es cuando tenemos que “desaprender” lo aprendido.

Dado que, en general, al cerebro humano no le suele gustar mucho aquello de “rehacer” algo que ya damos por superado, la asignatura nos queda, como se ha dicho, pendiente por mucho tiempo. Otra de las cuestiones que al caso conviene señalar es lo que se conoce como “aprendizaje significativo”. Y es que una de las críticas que suele realizar a  nuestro sistema educativo es aquella que formula que nos dan una respuesta a una pregunta que todavía no nos hemos formulado. Esta respuesta, dado que nuestro inconsciente establece que no la necesita, simplemente es desechada.

Sin embargo, cuando un niño ve unos dibujos en inglés o se identifica con los personajes de un juego en el que sus actores se expresan en la lengua británica, es más probable que se pregunte ¿que están diciendo? y que, por tanto, se apreste a su, en principio, imitación y, más tarde, a su comprensión. Finalmente, la pedagoga recomienda, para la etapa de secundaria, estudiar mediante audios y vídeos, leyendo simultáneamente las palabras que en dicho material se formulan, pero con la fonética adaptada al castellano. Tal caso sería por ejemplo “jelou” para referirse al “hola” o “blu” para azul.

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